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Cuando el equipo llega, es noche cerrada. Han pasado un día agotador en la selva recogiendo muestras de unos sesenta árboles. Tras un rápido aseo en un riachuelo situado más abajo y una comida fugaz compuesta de deliciosos quesos franceses, el equipo vuelve al trabajo. Hay que examinar las hojas recolectadas: medir su superficie, su espesor, su dureza y su concentración de clorofila. Los tejidos de las hojas, las raíces y los tallos son conservados para futuros análisis químicos y anatómicos en el laboratorio. En la oscuridad, el tecleo de los ordenadores y el runruneo del grupo electrógeno se confunden con el zumbido de los insectos y el griterío de los sapos.
Los resultados establecerán nuevas correlaciones entre las características de funcionamiento (rasgos funcionales) de los árboles, que varían en cada hábitat. Observando las estrategias que adoptan las diferentes especies, será posible entender mejor su distribución a lo largo de diferentes gradientes ambientales y describir modelos en el funcionamiento del ecosistema. Si las estrategias de un grupo, o incluso de una especie, difieren entre los hábitats (bajíos, suelos arcillosos, arenas blancas), se podrán determinar las adaptaciones a la sequía o los mecanismos de defensa contra los ataques de insectos herbívoros.
El equipo sobre el terreno se compone de una investigadora, Claire Fortunel, dos doctorandos, Greg Lamarre y Seth Kauppinen, un trepador, Benjamin Leudet, que colecta las muestras inaccesibles con una vara, y dos botánicos, Marcos Ríos y Elvis Valderrama, que han trabajado en un equipo peruano en un proyecto parecido. Las conversaciones pasan del francés al inglés o al español indistintamente.
Los transectos de muestreo dividen el bosque que corona la colina de arenas blancas en cuadrantes. «Estos bosques sobre arenas blancas reciben el nombre de “tiki-tiki bushi” en Surinam. A quinientos kilómetros, encontramos las mismas especies que aquí mientras que, a tan solo un kilómetro, en el suelo granítico de la colina situada justo en frente, la diferencia entre ellas es mucho mayor; sólo existen tres especies en común», comenta Christopher. En medio de este paisaje majestuoso, el joven equipo sólo interrumpe su tarea cuando ve pasar una mariposa Morpho azul eléctrico, un dendrobate saltarín o al descubrir una flor «antes nunca vista».
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